De las palabras y el cementerio

No Pets

El otro día pasaba frente al cementerio con mi hijo de cinco años.
El iba sentado detrás, en su silla. Desde que lo conozco él siempre viaja en la parte de atrás… en su silla.
Desde que lo conozco también le he temido a sus preguntas.
“¿Qué lo que hay ahí?” me preguntó, señalando la lápidas relucientes.
El esta convencido de que yo lo sé todo. Desde los nombres de los super héroes, hasta el color de las frutas del lado de adentro. Si le digo que no sé, se molesta.
“¡No me diga así!” me dice.
Cuando no sé el nombre de algún super héroe, le digo que se llama Pinchoman, defensor del bien y la justicia. Con lo del cementerio me di cuenta de que no podría evadirme con vueltas, y que probablemente necesitaría ayuda del mismísimo Pinchoman.
“Ahí es donde ponen a la gente que se muere,” dije, convencido de que me iba a lanzar un juguete por la cabeza o un grito descontento.
Pero no fue así. Se quedó silencioso por un rato.
Esto es sumamente extraño.
Finalmente, después de una eternidad y cuando yo creía que el tema ya se había agotado, apareció la siguiente pregunta:
“¿Y les salió sangre?”
No es raro que para él la única posibilidad en ese sentido sea una muerte violenta.
Le explico que no, que hay gente que muere de muerte natural pero por las dudas no entro en detalles.
Se produce otro silencio que dura más que el anterior.
Kevin sigue sentado en su silla, mirando por la ventana a un mundo que asimila de a poco. Poniendo en palabras algo que cambia todo el tiempo. Ajustando los significados a martillazos porque no hay otra forma.
Hace tiempo que dejé de anotar las cosas que dice.
Una vez me dijo: el fuego ha quemado el agua.
En realidad el agua había apagado el fuego.
Otra vez me dijo: un planeta es un circulo muy grande de muchos colores. La parte azul es agua, la parte verde es grama.
Otra vez, en el estacionamiento de la playa vimos un cartel que decía: No Pets, Year Round. Bajo las letras estaba dibujada la silueta de un perro tachado por una ralla roja.
Kevin me dijo que eso significaba que no se podían traer animales.
Encima del cartel estaba parada una gaviota que obviamente no sabía leer.
Cuando le pregunto por qué la gaviota está ahí parada, él me dice que esa gaviota si puede estar.
“Si la gaviota tuviera una señora, no podría estar. Lo animales que no tienen señoras pueden estar.”
Cosas así todos los días.

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