Tiempo Acrílico circula de nuevo

Portada

Esta vez no hubieron entrevistas con los abogados ni reuniones con los accionistas. No hubo que llenar, firmar o faxear papeles. No hubieron reportes de estadísticas ni estudios de mercadeo. Simplemente, (sin fanfarrias ni boato) Tiempo Acrílico volvió a circular… (esta vez con servidor propio y rediseñado por completo.) Si quiere puede visitar en ésta dirección: http://tiempoacrilico.com/ o ir directo a la parte de Escribe el Lector, donde probablemente aparecerá la mayor parte de los insultos pero también se pueden dejar comentarios.

También hay un par de secciones interesantes (computadores, diseño, etcétera) pero la parte de sexualidad hasta el momento brilla por su ausencia. También he puesto una nueva edición de Las aventuras del Capitán López en el siglo XXIII, con un diseño que pretende facilitar la lectura sin importar qué aparato estamos usando en ese momento. Debo advertir que todo se ve mejor en Safari o Firefox. El Internet Explorer todavía funciona pero hay ciertas cosas que las convierte en… en algo; típico de Microsoft, claro, pero todavía se puede leer.

Por ahí se dan una vuelta y me cuentan. Gracias.

Publicado en Absurdos | Deja un comentario

Una carta

Estimadísimo Aldo Fabián Perez Moreira:

Te escribo una carta para ver si después te la mando. Me gustaría que fuera una carta de aquellas… ¿te acordás de aquellas cartas? Uno precisaba tinta y pluma y una esponjilla para arreglar las correduras. Y si te equivocabas era un trámite porque había que empezar de nuevo. A no ser que quisieras mandar una cosa borroneada con los pelos del pergamino erizados y las letras fuera de foco. Y ni hablar de corregir un párrafo completo. Eso ya era palabras mayores… había que hablar con los copistas, pagarles extra… retrasar el envío de la carta. Ahora en cambio, existen los procesadores de palabras. Hay correo electrónico y hay diccionarios en línea. Y todo sucede en tiempo real… (¿?) como si el tiempo de antes hubiera sido una ficción. Algo inventado como el calendario del Papa Gregorio, una mentira que a duras penas coincide con la rotación de los planetas, los solsticios o los equinoccios y que habrá que corregir cada 3300 años.

Pero me estoy desviando del tema. Aunque definir el tema sería tema de otra carta y ahora no tengo tiempo. Digamos que intento explorar un conjunto de preocupaciones que (de poco tiempo a esta parte) me acogen preocupan.

Un ejemplo.

El otro día, dando vueltas por el Feisbuk encuentro unas fotos que ha colgado el José Fontana. El muy hijo de puta. Ha guardado negativos por más de veinte años con el único propósito de desenterrarlos ahora para… ¿para qué? ¿Con qué propósito? No tengo idea.

El tema es que veo una donde aparezco con el Deputat. No recuerdo nada de la foto. Lo único que recuerdo con claridad es la camisa que llevo puesta. Aunque la foto es en blanco y negro, yo sé que las rayas de la camisa son verde claro. Recuerdo el detalle pero no solo eso, también recuerdo los humores que me inspiraba esa camisa… más allá de que estuviera lavada o planchada, tenía que existir una cierta predisposición psicológica para usarla. Como cuando hay que ponerse corbata para algún evento y hay que mentalizarse con anticipación. No sé si a vos te pasa, pero a mí si me. ¿Por qué me acuerdo de esas cosas y me olvido del desayuno? ¿Será Alzheimer o será otra cosa más cabrona y más profunda?

Otro tema, pero que se enlaza (a duras penas).

Hace una par de semanas llega una cuñada de visita desde el Ecuador. Trae de remolque un par de valijas y al hijo de cuatro años. Nada del otro mundo. Dos semanas más tarde, mientras cenamos, tengo que levantarme de la mesa porque voy a tener un ataque de llanto. Es natural. Es la última cena, pienso. Al otro día los llevaremos al aeropuerto y probablemente no los veremos hasta que el Gabriel tenga once o doce años.

Pero luego analizo y descubro (pienso que descubro) que la nostalgia viene de otra parte. Es claro que me he encariñado un poco, pero más que nada este tiempo con el Gabriel me han hecho recordar otros tiempos, cuando mi hijo tenía esa edad y andaba siempre colgado de mi espalda. Cuando los fines de semana íbamos al cine o a la librería o a rentar películas en un lugar aquí cerca (que entre paréntesis, hace poco cerró).

Ahora Kevin, el Dude, está de vacaciones y nos vemos poco. Dentro de un par de meses cumplirá once años. Ya está entrando en esa edad inquisitiva, ¿te acordás Perez? Yo no me acuerdo del momento exacto cuando me di cuenta de que mi viejo era un pelotudo, más bien recuerdo episodios aislados que me llevarían a la conclusión. Ahora, sospecho que me hijo va por el mismo camino. Muy pronto preferirá salir con sus amigos que andar con el boludo de su viejo. No es que su viejo sea un boludo, aunque hay episodios que me hacen dudar (la cuestión de la camisa, por ejemplo).

La cosa es que de cuando en cuando te veo en el Feisbuk con tu hijo y me entra una envidia explicable. Pero de la sana, claro, esa envidia que dice: qué hijo de puta el Perez, mirá como disfruta con su hijito. ¿Qué lo parió? Espero que lo disfrute…

Un abrazo, infeliz.

_______________

Publicado en Absurdos | 2 comentarios

Crónicas del Arroyo – 22

El Fantasma de Acosta.

Una vez me encontré con el fantasma de Alberto Arriaga. Casi fuimos amigos… me hubiera gustado ser su amiga. Pero después de todo yo soy solo una vieja loca dedicada a las cartas y a otras rabdomancias perdidas. A lo mejor por eso Arriaga decidió revelarme sus secretos… nadie en el pueblo creería en los desvaríos de esta pobre vieja. O tal vez hay razones más hondas… al principio pensé que me necesitaba para terminar algo en este mundo, el mundo de los vivos. Ese lugar que se parece tanto a los sueños y que poco a poco se desdibuja en los confines de éste asilo.

La primera vez me lo encontré en el sendero del sauce viejo. Era una noche de luz verdosa y brisa clara. Pensé que era uno de los peones, con un chambergo y un poncho viejo que arrastraba como una penitencia. Luego se volteó y vi la herida en su lado izquierdo. Hacía tiempo que había dejado de sangrar pero estaba como recién abierta. Como si el cuchillo del Héctor acabara de salir.

- Nunca fui un buen padre – me dijo Alberto Arriaga -. Esa es la culpa que todavía me tiene aquí, desposeído en mi propia tierra. Esperando que los buitres vengan a llevarse todo lo que fue mío. Sin poder mover un dedo porque esta mano ya no es mi mano…

Héctor acababa de suicidarse y yo lo buscaba para aliviar su tormento. Luego me di cuenta de que hacía tiempo que el Héctor había abandonado estos mundos sublunares. Mucho antes de su muerte se había ido. Su padre en cambio hacía las rondas a diario, como cuando estaba entre los vivos.

- Nunca tuve tiempo para mís hijos – continuó Arriaga -. Siempre estuve ocupado en mi papel de hacendado y tratando de ser alcalde o gobernador o el amanta de alguna fulana en el pueblo. Mis hijos fueron un orgullo que me duró muy poco. A lo mejor les exigí demasiado o a lo mejor hice demasiado planes por ellos. Al principio fue imposible diferenciarlos. Para mí, claro está. La madre los diferenció desde antes que nacieran. A mí en cambio me tomó años notar las diferencias. Un día me dí cuenta de que Héctor era el bruto y Joaquín era el poeta. Ninguno de los dos tenía interés en la hacienda. La única cosa por la que trabajé toda mi vida. La única cosa que juzgué digna… mi pequeño imperio, como decía mi madre. Mi legado… todo lo hice por ellos, para que algún día pudieran estar orgullosos de su apellido. Y ahora… ¿Qué será de todo esto ahora que ya no estoy?

Al principio pensé que Arriaga había vuelto por sus hijos, pero luego vi que había otra cosa en su mirada.

- Somos polvo… – dijo luego de un largo silencio y por un segundo pensé que yo también había muerto -. Y lo que dejamos es polvo. Adobe que se descascara. La casa, el molino, la capilla, los establos… ¿cuánto tiempo tomó levantar todo esto? Tomará siglos para que el olvido arrase esta ciudadela…

La mano de Arriaga trató de limpiar el polvo de la banqueta pero era inútil.

Publicado en ficcion | Etiquetado , | Deja un comentario

Carta a un amigo del Feisbuk

Estimado Fabricio Pascual Peña,

Te escribo para informarte que nuestra amistad ha llegado a su fin. Al principio, debo admitir, me emocionó encontrarte en el Feisbuk. Pero poco a poco tus pequeñas idiosincrasias (cosas que hace años me parecieron divertidas) comenzaron a irritarme sobremanera.

No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que eras un pelotudo. A lo mejor siempre fuiste un pelotudo, solo que en aquellos tiempos no podía darme cuenta porque yo también era un pelotudo. Pero ahora creo que haber madurado algo, lo suficiente como para reconocer a un pelotudo.

No lo tomes a mal. Se nota que vos también has madurado enormemente con los años y comparándote con el pelotudo que eras antes, creo que sos mucho menos. Pero el progreso no ha sido lo suficientemente marcado.

Muy pronto te quitaré de mi lista de amigos y ese será el final oficial de nuestra amistad. Aunque esa conclusión empezó hace años, una noche cuando (¿sin darte cuenta?) te cogiste a mi novia después de una salida con los de la facultad. No sé si te acordás que por aquellos tiempos tu mujer era mi novia… que a propósito, se la ve muy bien en las fotos del muro. Me pregunto por qué todavía no me acepta como amigo.

Esa noche, yo te presenté a Julieta y mencioné que era mi novia… no creo haber olvidado un detalle del que estaba particularmente orgulloso. Después no sé cuál fue el malentendido, hasta ahora no me entra en la cabeza. Que la música estaba muy fuerte, que las luces estaban muy pocas, que habías tomado y no le viste bien la cara… etcétera. Todavía no me lo explico.

Eramos un grupo como de veinte y cuando salimos del boliche nos separamos porque solo habían dos autos. Julieta se fue en el tuyo porque la casa de ella te quedaba de pasada, supuestamente. Yo me fui con el Ernesto Rubio que estaba más borracho que un sauce y terminó vomitando por todas partes. Me tocó llevarlo hasta la casa de su tío y de ahí me tuve que ir caminando… como un boludo, a las cinco de la mañana, cagado de frío. Sin saber que en ese preciso momento te estabas volteando a mi novia en el asiento de atrás del coche de tu viejo. ¡Qué hijo de puta más grande!

A la mañana siguiente la llamé por teléfono pero no me contestó. Toda la semana la estuve llamando y cuando por fin me atendió fue de pasada. Con alguna excusa extraña, porque que tenía que ir a visitar a una prima y estudiar para un examen y el fin de semana tenía que comprar un par de zapatos con su madre. Yo pensé que era normal, creí que me evitaba porque tenía vergüenza. Ella siempre había sido muy recatada conmigo. Pero la noche del boliche hubo un momento extraño. Después de bailar unos lentos me llevó al pasillo detrás de los baños y me pegó una apretada increíble. Algo como nunca, porque ella no era así. Y yo como un boludo estaba perdido por ella. Desde hacía meses que me aguantaba las calenturas porque ella no era así, ella era una niña de buena familia y no sé cuántas otras cosas. Pero esa noche le metí la mano bajo la falda y le arranqué la bombacha de un tirón. Ella no dijo nada, me miró desafiante y sonrió como nunca… y yo pensé que ésta era la noche. Finalmente.

En eso apareció el flaco Blanco y nos dijo que nos apuráramos porque ya se iban todos y nos íbamos a quedar de a pie. Ahora que lo pienso, parece que yo estaba destinado a la postergación. Julieta metió las bragas en la cartera y se acomodó el suéter que ya casi tenía por el cuello… Todavía me acuerdo del suéter. Me acuerdo de tantas zonceras de esa noche… el vómito del Ernesto en el tapizado del Peugeot 404 que era del tío. La lluvia tenue y helada en la madrugada.

Muchas veces me he preguntado qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido de otra forma… Si yo hubiera tenido auto o si mis viejos hubieran tenido plata o si en vez de agarrar ese laburo en el almacén del padre del Buluschuaga hubiera entrado al banco…

Pero lo peor vino más tarde, cuando te encontré en la cafetería de la facultad y me contaste que estabas saliendo con una flaca que habías conocido la noche del boliche. Y de como esa noche tuviste que llevar a todo el mundo y de como te las arreglaste para que ella fuera la última. Después te paraste frente a su casa y estuvieron hablando por mucho rato. Más tarde la besaste y ella te dijo que ahí no, que su papá se despertaba a todas horas. Y vos te diste una vuelta y paraste cerca de una iglesia, en un lugar oscuro. Y después te la cogiste en el asiento de atrás hasta que los vidrios se empañaron como en un baño turco.

Y yo te felicitaba como un boludo, porque para mí eras un héroe. Y te preguntaba que quién era. Yo estaba convencido que era la prima del flaco Blanco, que era bien puta. Pero vos me la describías de veinte formas y ninguna concordaba con la descripción de Julieta. Porque ella no era así. Ella era recatada, era de la Acción Católica y cosas por el estilo. La clase de chica por la que uno debe aguantar calenturas hasta el altar. Hasta que me dijiste su nombre, me acuerdo. Me dijiste que era un nombre tan cursi que te hacía doler los dientes… pero no había remedio. ¡Qué hijo de puta más grande!

Así que por todo esto Fabricio, me imagino que ya no es correcto que seamos amigos en el Feisbuk.

Publicado en Absurdos, Cosas de la vida | 2 comentarios

La intertextualidad del celuloide

Fair Game (1995) marca el debut cinematográfico de Cindy Crawford y también su precipitada desaparición de la pantalla grande. Es una película de acción, es decir: persecuciones, tiroteos, explosiones, una ducha de tanto en tanto y la inevitable escena de sexo en un tren. La película es muy mala… a tal punto que por ahí transita una zona fronteriza y empieza a ser apta como comedia.

Un ejemplo. El cerebro criminal: (i) intenta matar al personaje de Cindy Crawford en una calle en Miami, (ii) pone una bomba en su departamento, (iii) envía un escuadrón para que la liquiden en un hotel, (iv) despacha otros asesinos para que se hagan pasar por agentes del FBI y la maten, (v) manda a sus hombres en una persecución en una carretera disparando ametralladoras contra ella, (vi) descuelga un grupo de tipos malos desde un helicóptero a un tren en movimiento para que le peguen un tiro, y luego (aquí es donde hay que prestar atención) cuando finalmente la han capturado; dice: “¡No le hagan daño a la chica por ahora!”

Claro que la chica hace falta para la próxima escena, donde estará colgada desde el techo mientras el cerebro criminal monologa. Esto es de película, obviamente. En el monólogo el cerebro explica por qué estaba tan empecinado en eliminarla…

Really? You have to be kidding me!

Como decía un amigo mío: las excusas no cuentan… y en este caso (más que en otros) el libreto es una excusa para colgar a Crawford de un caño con unos jeans pegados al cuerpo y una camiseta de poca tela (fundamentalmente húmeda). El espectador es el encargado interpretar todo esto, de hacer las conexiones intertextuales. Según Julia Kristeva “todo texto es la absorción o transformación de otro texto.” Lo mismo se puede decir de todo rollo de celuloide, agregaría yo. Porque mientras veía la escena del monólogo me acordaba de otra escena, en otra película. Los Increíbles, del estudio Pixar. Ahí Mr. Increíble está colgado frente Syndrome (el malo de la película) quien se dedica a monologar. Es básicamente la misma escena, solo que aquí hay una guiñada al espectador, porque más temprano Frozone le ha contado a Mr. Increíble de una vez que estuvo en las garras del malo y éste en lugar de liquidarlo se dedicó a hablar y hablar y hablar… En la anécdota de Frozone uno reconoce el cliché del género (es algo que ya hemos visto en alguna de James Bond y nos causa gracia) y más tarde la subversión del género es doble.

Pero hay otra diferencia fundamental en esta escena. Cuando el malo monologa es para explicar el origen de su maldad, por qué hace lo que hace. Cuando Syndrome cuenta su historia uno realmente siente por el tío. El flashback lo muestra como un adolescente mal hecho tratando de imitar a su héroe.

Así es como funciona la intertextualidad del celuloide, sobre todo cuando es una de Cindy Crawford. Uno termina en cualquier parte. Es una pena que no haya hecho más películas.

Publicado en Crítica, DVD & Blue Ray, Películas Malas | 3 comentarios