12 episodios de 24

Spoiler alert! Es preferible que haya visto varios episodios de 24 antes de seguir leyendo. Quedáis advertidos.

“24”, ese desmadre televisivo que alimentó (a la vez que se nutrió) de la paranoia que surgió luego del 11 de septiembre, ha regresado. Esta vez es una temporada limitada de doce episodios, Live Another Day (Vivir un día más). Jack Bauer reaparece en Londres, cuatro años después de que fue forzado a pasar a la clandestinidad luego de ser convertido en enemigo de estado. No sabemos qué ha hecho Bauer durante estos cuatro años, pero alcanzará con mencionar que hace poco interceptó (no sabemos cómo) información sobre un hacker mercenario que ha… ¿cómo explicarlo? Según el mismo Bauer:

Ha diseñado un dispositivo que puede tomar el control de hasta diez drones. Este dispositivo está ahora en manos de un terrorista. Los nuevos aviones no tripulados cargan seis misiles Hellfire. ¿Tiene idea del daño que le podrían causar a una ciudad como Londres?

Casualmente, el presidente de los Estados Unidos, James Heller está en Londres para negociar un acuerdo de bases militares con el primer ministro británico. Este es el acuerdo más importante de la historia, o al menos eso piensa el presidente, ya que se está jugando la presidencia para conseguir que el tratado se concrete, y debe hacerlo a pesar de tener problemas de salud (¿Alzheimer? No sabemos, pero se olvida de las cosas). El presidente Heller es el objetivo de los terroristas, y su muerte en territorio extranjero, explican varios personajes en varios momentos, conduciría inexorablemente a una guerra mundial. ¿Probable? No estoy tan seguro. Pero ¿guerra entre quiénes exactamente? No importa, porque en realidad no hay tiempo que perder. We ain’t got time for that!

La primera temporada de “24” apareció en noviembre del 2001, casi dos meses después de los ataques del once de septiembre. En el primer episodio, un terrorista hace estallar un avión de pasajeros. Es fácil olvidar lo radical que fue esa primera temporada, desde una perspectiva técnica (con el reloj y el tiempo real y la pantalla dividida) pero también en la forma como la serie reflejó y provocó un ambiente de paranoia y revancha. (El primer lote de malos fue un grupo de serbios rebeldes, pero los terroristas musulmanes no se quedaron atrás en temporadas siguientes). El Bauer de Kiefer Sutherland se convirtió en el portavoz ficticio de cierto tipo de justicia dura norteamericana. La justicia al estilo Bruce Wayne. Bauer utilizó la tortura de manera rutinaria para obtener información y por lo general (en el universo de “24”) el método es presentando como algo eficaz. Bauer también fue torturado con regularidad, como para equilibrar la balanza, aunque él pareció soportar la presión mucho mejor que sus víctimas. La tortura no fue glorificada, sino más bien pintada (como a menudo sucede en la televisión y en el cine) como algo lúgubre pero necesario. En otras palabras, era rutinario ver semana a semana a un tío que cortaba, electrocutaba, desollaba o golpeaba a otro en los horarios de protección al menor en la pantalla chica.

A pesar de cierto aplacamiento, “24” nunca renunció a su premisa básica: presionado por el tiempo, la tortura es la forma más eficaz de obtener información. La séptima temporada comenzó con Bauer defendiendo sus métodos ante un grupo de legisladores escépticos en un comité del Congreso. Pero enfrentado con un grupo de senadores indecisos, Jack (el hombre de acción) por contraste se ve mucho más heroico. ¿No saben lo que este tío ha hecho por el país? ¡Hostia, man!

Esta nueva temporada comienza con Jack siendo capturado por la CIA, los que en seguida (y sin razón aparente) deciden torturarlo. ¿Por qué dañar la formula que ya sabemos funciona?

En la época de Bush, “24” parecía apoyar el gobierno en su visión del mundo en blanco y negro, enfrentando a los Estados Unidos contra un enemigo tan inescrupuloso que nuestros propios escrúpulos debían ser considerados como un obstáculo para la seguridad. Pero incluso en sus temporadas más tortuosas “24” nunca apoyó la idea de que podíamos confiar en el gobierno. La mayor parte de las historias giran en torno a traiciones en los niveles más altos del gobierno. En la quinta temporada el Presidente era un tío tan malo que parecía salido de una de James Bond. La serie describe un mundo mucho más peligroso de lo que Dick Cheney podría haberse imaginado luego de 20 años encerrado en un búnker. Un mundo en el que estamos continuamente amenazados – a merced de gobiernos extranjeros, de ideólogos sedientos de poder, e incluso de nuestros propios funcionarios electos. Entonces nuestra única esperanza es la acción decisiva de un hombre despiadado y desinteresado: Jack Bauer.

“24” terminó su corrida larga durante la presidencia de Obama, pero nunca respondió directamente a la nueva realidad política. Aún así, el show siempre se mantuvo al día con los titulares. En esta temporada están los drones y Jack (por una serie de circunstancias que no vamos a enumerar) se involucra con un grupo de hackers anti-vigilancia, liderados por un tío al estilo Julian Assange a quien Jack debe pedir ayuda para prevenir un ataque. No sería un problema si su país no hubiera decidido llenar los cielos con aviones no tripulados colmados de armamento pesado, ¿verdad? Dice el hacker a lo que Bauer responde con su acostumbrado silencio. Porque él nunca habla de política, el héroe está más allá de la política. Y en ese momento su vida (desde hace tiempo en ruinas a causa de su servicio ininterrumpido) lo ha forzado a convertirse en un guerrero guiado por un ideal que se lo explica a Chloe así: No puedes traer de vuelta a tus seres queridos. Créeme. Pero puedes honrar sus vidas ayudando a los demás. Es la única forma de seguir adelante.

La premisa, por supuesto, de que un presidente americano sea ejecutado por sus propios robots asesinos es un argumento político. El antiguo “24” defendió la tortura porque la seguridad importaba por encima de todo; el reloj era una cuenta regresiva hacia la catástrofe y la narrativa iba a tratar de evitarla por todos los medios. El mal estaba allí, esperando a la vuelta de la esquina. El nuevo “24” propone un argumento más matizado: ahora la vulnerabilidad de los Estados Unidos deriva de esta misma obsesión por la seguridad.

Y solo nos quedan siete episodios. ¡Dios nos proteja!

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