El arbolito nevado

el arbolito

La foto del arbolito nevado se la debo a la Sole. Yo ya estaba cansado, tenía humedad en las medias y tenía ganas de llegar a la casa y tomarme algo caliente… pero ella se empecinó en fotografiar el arbolito de la esquina. ¡Joder! Y entonces hubo que salir con la cámara y el trípode, caminar la media cuadra y encontrar el ángulo. Sobre todo eso: encontrar el ángulo. La verdad es que yo tenía poca fe. Mi experiencia como fotógrafo aficionado me dice que la mayoría de las veces, cosas que se ven muy lindas a simple vista, se convierten en una desilusión colorida cuando apunto la cámara. Entonces mi reacción natural es no tomar la foto. Así mejor ahorrar tiempo y evitar el desengaño…

Empecé a tomar fotos porque necesitaba una forma de expresión. El doctor me dijo: sería bueno que encuentre una forma de expresión… Eso me dijo, textualmente. Así que me armé de esta Nikon y empecé a salir por la noches, a merodear en la estación del tren, detrás de las iglesias o en muelles abandonados. También hice retratos en la oficina… y fotos para pasaporte. Todo esto sin seguir un plan o un rumbo. Muy pronto vi que mis fotos no mejoraban así que empecé a estudiar los pormenores. La semiótica del encuadre. El enfoque y la apertura. La profundidad de campo. El tiempo de exposición… ISO, RAW, JPG, HDR y etcétera.

Así y todo las fotos continuaban decepcionando. Yo veía un atardecer extraordinario, sacaba la foto y ¡zas! el resultado era mundano. Era más fácil con el iPhone que puede hacer panorámicas y HDR y no sé cuantas otras historias. Y para colmo esta D300 es una cámara chúcara que más de una vez me ha volteado feo. He sacado fotos que son como manchas de luz donde apenas de distingue el contorno de un edificio y algún transeúnte fuera de foco.

Así es que todo conspiraba para que yo abandonara esta terapia ocupacional. Llegué a pensar que sería más fácil aprender macramé o repostería o numismática… ocupaciones que por lo menos cuentan con nombres más sonoros, llenos de sílabas y acentos y orígenes esotéricos (por lo menos para mí).

Entonces sobrevino algo como un empecinamiento. Recordé un libro que leí hace años, algo que encontré de la sección de auto ayuda y superación. En aquella época estaba convencido de que yo sufría de alguna enfermedad mental y frecuentaba esta sección de la librería con la esperanza de encontrar una explicación o una cura. Años más tarde, el doctor me dijo que todo el mundo tiene ese sentimiento; esa sospecha de que no estamos completamente cuerdos. Quien no la siente es porque es demasiado seguro de sí mismo y probablemente tan bruto como un poste de luz o un buzón. Por eso prosperan los psicólogos y los autores de auto ayuda (el doctor incluido).

El librito me dijo que tenía que dejar de buscar excusas para no hacer cosas. Ya sé que suena como una boludez pero para mí fue una epifanía. Parecía que el libro me hablaba directamente. De vez en cuando me pasa eso… no sé si será normal.

Estación de tren - Central Islip, NY

Un día de neblina tomé esa foto en la estación del tren. Vino una ola cálida luego de varias nevadas y provocó la condensación súbita. El manto gris llenó las cosas de una luz sobrenatural y cegó a murciélagos y albatros. También provocó accidentes y descarrilamientos. Hubo un tráfico desmesurado y hubo retrasos en los aeropuertos. Se propagó la sensación de que era el final del invierno y nos relajamos porque el tiempo parecía ir más lento.

Pero sobre todo, el fenómeno meteorológico sirvió para destaparme los oídos y así empecé a escuchar lo que me decía la cámara… hubo algo como un entendimiento y empezamos a sacar fotos. Una noche, regresaba de dejar a mi hijo en lo de su madre, tomé fotos de una iglesia. En la oscuridad no podía ver el cielo, pero el campanario apuntaba hacia arriba e insinuaba el más allá. Fue una cuestión… ¿simbólica, digamos? Más tarde vi lo que había visto la cámara y sentí la euforia del descubrimiento.

Empecé a fotografiar iglesias más que nada por una cuestión práctica; primero que nada son fotogénicas y segundo: hay muchas. Podría pasarme un par de meses fotografiando solo las de la zona. Pero después la cuestión práctica pasó a ser otra cosa. De más está decir que hace años que no voy a la iglesia. Hace tiempo rompí relaciones y traté de buscar a Dios sin intermediarios. Y aunque no me fue mal reconozco que a veces extraño los rituales. De vez en cuando me gustaría poder confesar mis pecados y ser absuelto… aunque solo sea hasta la próxima confesión.

A lo mejor eso es lo que estoy haciendo por las noches, montando el trípode en andenes abandonados. Busco un ritual que vuelva a conectarme con la metafísica de las cosas y (en el camino) me absuelva de no sé qué cargo de conciencia. La cámara es como una zarza que arde y me habla… y de cuando en cuando me regala la foto de un árbol nevado o de una iglesia muy humilde donde el canto de los feligreses llega hasta la calle.

linea-tres

Adjunto ejemplos a ver si se entiende lo que digo.

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2 comentarios sobre “El arbolito nevado

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  1. Hola Guillermo! Disfruto mucho la lectura de tus escritos. La siento tan fluida, natural y siempre con observaciones y reflexiones profundas. Aun a cosas triviales, tu mirada les da una impronta solemne, o graciosa o tierna, o ironica.
    En fin, creo que la foto es el disparador de tu palabra y de tu modo muy creativo de expresarte.
    Segui con tu terapia ocupacional, que no dudo, va por buen rumbo!
    Un abrazo mio. Nora

    1. Me alegra mucho que disfrutes estos escritos. Me sirve de mucho tu comentario y me parece increíble que estemos conectados a pesar de tanto tiempo y tanta distancia.
      Un abrazo muy grande y estamos hablando.

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