El extraño caso de Elías Sorto

Primera versión de los hechos

Todas las mañanas Pedro Puebla trae a doña Julia a la planta. El día en cuestión doña Julia no lo esperaba como de costumbre. En su lugar estaba una vecina con aire conspirador.

Pedro Puebla dice que la señora le dijo:

– Doña Julia no va a ir a trabajar hoy. Me dijo que le dijera.

– ¿Pero por qué no? – Pedro Puebla dice que le preguntó.

Y ella dice que le contestó:

– Porque anoche alguien trató de robarle a la hija.

– ¡Jesús, María y José! ¿Y quién fue?

– Parece que fue uno de los de la fábrica.

– ¿Uno de los de la fábrica? – dice que le dijo Pedro Puebla.

– Sí, un truhán que hace tiempo embarazó a una prima de doña Julia – dice que le contestó la señora.

– ¡Qué noticia más brava! – dice que le dijo Pedro Puebla y hasta ahí llegó la conversación porque ya se le hacía tarde y si uno se pasa cinco minutos le descuentan quince.

Así, poco a poco nos fuimos enterando del resto de la historia. El truhán al que hacía referencia la señora resultó ser Elías Sorto. Elías vivió tres meses con una muchacha, la embarazó y luego la abandonó. Al poco tiempo comenzó a perseguir a Nicolasa, la hija de doña Julia.

Por qué Nicolasa le hizo caso es un misterio. Elías Sorto estaba muy lejos de ser guapo. Nicolasa era joven y tal vez éste fue uno de los motivos. Una madre como doña Julia puede haber sido un factor agravante… pero me atengo a los hechos.

Según versiones tempranas, Elías Sorto trató de violar a la hija de doña Julia. Según versiones más elaboradas, solo trató de raptarla. Según el informe policial, Elías la golpeó y la arrastró por una senda de ladrillos en el lado norte de la planta. Luego huyó precipitadamente, amparado por la oscuridad, la lluvia y el viento de la noche.

Al día siguiente la historia se propagó silenciosa.

La Planta se divide en dos turnos. Desde las seis de la mañana hasta las tres de la tarde y desde las tres hasta las once de la noche. Las diferencias entre un turno y el otro son abismales. El turno de la noche es como el lado oscuro de la luna. El contacto entre los del día y los de la noche es efímero. A las tres de la tarde unos llegan y otros se van. Eso es todo. Las comunicaciones son difíciles. Las noticias se filtran de a poco.

La aventura de Elías Sorto tardaría en tomar forma. El primero en trasmitir rumores fue Pedro Puebla. Pero más tarde el Ruso contribuyó con otras versiones de la historia. Versiones que no estaban claras porque el Ruso las había escuchado en inglés y todo el mundo sabe que el inglés del Ruso…

Lo que era cierto es que Elías Sorto una vez más se había metido en un problema más grande de lo que se imaginaba. El siniestro Elías Sorto que una vez más me involucraría en su narrativa.

Segunda versión de los hechos

– ¡Dios Bendito! – dijo Roberto – ¡Me tuvieron hasta las cuatro de la mañana! Pensé que nunca me iban a dejar ir.

Roberto era el supervisor del segundo turno. Él siempre llegaba antes de las tres para ponerse al día. Ese día no habían muchas novedades y se acercó bebiendo un café frío.

– ¿Y qué fue lo que pasó? – pregunté. Faltaban veinte minutos para las tres así que teníamos tiempo.

Roberto aclaró la garganta y se dispuso a relatar: La versión de los hechos según el supervisor nocturno.

– Como a las nueve y media decidí ir hasta el Seven Eleven. Okay? Le aviso al Palomo que se quede a cargo y salgo. Me acomodo, pongo la llave en la ignición pero el carro no arranca. ¡Y este carro nunca me ha dado problemas! Justo ésta noche el fucking carro se empaca. Quince minutos me tuvo ahí. Le revisé la batería, le revisé los cables, le revisé los plugs. ¡Veinte minutos, por lo menos! Y gracias a Dios que yo estaba ahí, porque si yo no estaba éste mother fucker hubiera raptado a Nicolasa. Se la hubiera llevado y después ¿quién sabe qué más? Esto para que veas que Dios metió la mano aquella noche, porque después el carro arrancó como si nada. ¡Cómo si nada!

– Suficiente con Dios – dijo el Palomo, que acababa de llegar y probablemente ya había oído la historia.

– Okay, no había nadie en el estacionamiento. Yo tenía la capota abierta y revisaba. Sabía que no podía ser la batería porque la batería es nueva. De todas forma revisé las conexiones porque hay veces…

– Roberto… – dije, mostrándole el reloj.

– Okay. En eso escuché los gritos del lado norte de la planta. Ahora sé que es el lado norte porque los policías me lo dijeron. Yo sabía que Elías estaba trabajando en el shop y casi siempre tenemos esa puerta abierta por el calor. Dejé el carro y me fui a ver que pasaba. Entonces veo a Nicolasa que corre hecha un ataque de nervios. Traía barro en el pelo, en las manos, en las rodillas. La policía tomó fotos de todo. Y también de las marcas en el suelo, a la salida del shop. ¿Tú no viste las marcas?

– No, no vi las marcas. ¿Y tú no viste a Elías? – pregunté, interesado.

– ¡No, no lo vi! Eso es lo que me carcome el seso… Porque al principio yo no sabía qué había pasado. Llevé a Nicolasa para adentro. Le di agua. Tú sabes, todas esas vainas tratando de calmarla. Y preguntándole qué le había pasado. Pero ella no decía nada, solo lloraba y lloraba. Era como en una telenovela. Después vino el Palomo y me dijo que ella había estado con Elías en el shop. Y entonces nos dimos cuenta de que él había desaparecido. Fuimos a buscarlo, pero el Mustang ya no estaba. Él siempre parquea aquí enfrente pero se había esfumado.

– ¿Y ella dijo algo?

Not a thing! Solo lloraba y lloraba. Entonces el Palomo me dijo que mejor llamáramos a mister White. ¡Fucking A, que lo íbamos a llamar! No podía llamar a la policía, si aquí half this mother fuckers are illegal! Yo llamo a la policía y toda la mara se va al carajo. Y sin mara no hay producción. Y si llamábamos a doña Julia la vieja iba a armar un circo de tres pistas. Aunque hubo que llamarla al final, pero por lo menos el viejo White ya estaba aquí para atenderla.

– ¿Y el marido de doña Julia no vino?

– Él había venido más temprano. A veces les trae la comida a Nicolasa y a la hermana porque doña Julia tiene un part time. Pero esa noche seguro que don Paco había aprovechado para irse de copas. No lo culpo, hay que estar un poco borracho para aguantar a doña Julia. No sabes cómo me alegré cuando la pasaron para el turno del día.

– ¿Y qué dijo el viejo White?

He was flipping out! I mean, flipping! Pensé que se iba a cagar en los pantalones. Y después llegó doña Julia y se completó el circo. La vieja gritaba: ¡Dios Bendito! ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí? Y yo pensaba: ¿a ti? Si a ti no te pasó nada vieja del diantre. Y todo el tiempo llorando. ¡No paraban de llorar!

Bienaventurados los que lloran, pensé.

El Palomo se acercó con la hoja de los trabajos y la conversación tomó otros rumbos. Me quedé un rato viendo la máquina de la pega, escuchando el resto de la historia pero más que nada pensando. Recordando a Elías Sorto y a su hermana desalmada ¿Cómo fue que me enamoré de ella?

* * *

Nota del autor: Otro serial en 14 capítulos al estilo de… al estilo de otros seriales que ya han aparecido aquí. La temática es similar porque siempre escribo varias cosas a la vez y me imagino que es normal que algunos temas (o personajes) se traspapelen. Planeo publicar de dos en dos, cada dos días para ver si eso crea alguna diferencia en las estadísticas (de por sí escasas) o en los hábitos de los que visitan ésta página.

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