Carta a un amigo del Feisbuk

Estimado Fabricio,

Te escribo para informarte que nuestra amistad ha llegado a su fin. Al principio, debo admitir, me emocionó encontrarte en el Feisbuk. Pero poco a poco tus pequeñas idiosincrasias (cosas que hace años me parecieron divertidas) comenzaron a irritarme sobremanera.

No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que eras un pelotudo. A lo mejor siempre fuiste un pelotudo, solo que en aquellos tiempos no podía darme cuenta porque yo también era un pelotudo. Pero ahora creo que haber madurado algo, lo suficiente como para reconocer a un pelotudo.

No lo tomes a mal. Se nota que vos también has madurado enormemente con los años y comparándote con el pelotudo que eras antes, creo que sos mucho menos. Pero el progreso no ha sido suficiente.

Inmediatamente te quitaré de mi lista de amigos y ese será el final oficial de nuestra amistad. Aunque este desenlace comenzó a gestarse hace años, una noche cuando (¿sin darte cuenta?) te cogiste a mi novia después de una salida con los de la facultad. No sé si te acordás que por aquellos tiempos tu mujer era mi novia… que a propósito, se la ve muy bien en las fotos del muro. Me pregunto por qué todavía no me acepta como amigo.

Esa noche, yo te presenté a Julieta y mencioné que era mi novia… no creo haber olvidado un detalle del que estaba particularmente orgulloso. Después no sé cuál fue el malentendido, hasta ahora no me entra en la cabeza. Que la música estaba muy fuerte, que las luces estaban muy pocas, que habías tomado y no le viste bien la cara… etcétera. Todavía no me lo explico.

Eramos un grupo como de veinte y cuando salimos del boliche nos separamos porque solo habían dos autos. Julieta se fue en el tuyo porque la casa de ella te quedaba de pasada, supuestamente. Yo me fui con el Ernesto Rubio que estaba más borracho que un sauce y terminó vomitando por todas partes. Me tocó llevarlo hasta la casa de su tío y de ahí me tuve que ir caminando… como un boludo, a las cinco de la mañana, cagado de frío. Sin saber que en ese preciso momento te estabas volteando a mi novia en el asiento de atrás del coche de tu viejo. ¡Qué hijo de puta más grande!

A la mañana siguiente la llamé por teléfono pero no me contestó. Toda la semana la estuve llamando y cuando por fin me atendió fue de pasada. Con alguna excusa extraña, porque que tenía que ir a visitar a una prima y estudiar para un examen y el fin de semana tenía que comprar un par de zapatos con su madre. Yo pensé que era normal, creí que me evitaba porque tenía vergüenza. Ella siempre había sido muy recatada conmigo. Pero la noche del boliche hubo un momento extraño. Después de bailar unos lentos me llevó al pasillo detrás de los baños y me pegó una apretada increíble. Algo como nunca, porque ella no era así. Y yo como un boludo estaba perdido por ella. Desde hacía meses que me aguantaba las calenturas porque ella no era así, ella era una niña de buena familia y no sé cuántas otras cosas. Pero esa noche le metí la mano bajo la falda y le arranqué la bombacha de un tirón. Ella no dijo nada, me miró desafiante y sonrió como nunca… y yo pensé que ésta era la noche. Finalmente.

En eso apareció el flaco Blanco y nos dijo que nos apuráramos porque ya se iban todos y nos íbamos a quedar de a pie. Ahora que lo pienso, parece que yo estaba destinado a la postergación. Julieta metió las bragas en la cartera y se acomodó el suéter que ya casi tenía por el cuello… Todavía me acuerdo del suéter. Me acuerdo de tantas zonceras de esa noche… el vómito del Ernesto en el tapizado del Peugeot 404 que era del tío. La lluvia tenue y helada en la madrugada.

Muchas veces me he preguntado qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido de otra forma… Si yo hubiera tenido auto o si mis viejos hubieran tenido plata o si en vez de agarrar ese laburo en el almacén del padre del Buluschuaga hubiera entrado al banco…

Pero lo peor vino más tarde, cuando te encontré en la cafetería de la facultad y me contaste que estabas saliendo con una flaca que habías conocido la noche del boliche. Y de como esa noche tuviste que llevar a todo el mundo y de como te las arreglaste para que ella fuera la última. Después te paraste frente a su casa y estuvieron hablando por mucho rato. Más tarde la besaste y ella te dijo que ahí no, que su papá se despertaba a todas horas. Y vos te diste una vuelta y paraste cerca de una iglesia, en un lugar oscuro. Y después te la cogiste en el asiento de atrás hasta que los vidrios se empañaron como en un baño turco.

Y yo te felicitaba como un boludo, porque para mí eras un héroe. Y te preguntaba que quién era. Yo estaba convencido que era la prima del flaco Blanco, que era bien puta. Pero vos me la describías de veinte formas y ninguna concordaba con la descripción de Julieta. Porque ella no era así. Ella era recatada, era de la Acción Católica y cosas por el estilo. La clase de chica por la que uno debe aguantar calenturas hasta el altar. Hasta que me dijiste su nombre, me acuerdo. Me dijiste que era un nombre tan cursi que te hacía doler los dientes… pero no había remedio. ¡Qué hijo de puta más grande!

Así que por todo esto Fabricio, me imagino que ya no es correcto que seamos amigos en el Feisbuk.

Anuncios

2 comentarios sobre “Carta a un amigo del Feisbuk

Agrega el tuyo

    1. El humor es una forma de tomar distancia. La distancia crea perspectiva. La perspectiva puede transmutar la tragedia más brava en algo de comedia… Un placer verlo por aquí, Mr. Dugutigui. ¿Qué tal San Luis? ¿Ya visitó Mendoza (terruño natal de don Arroyo)?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: