El Feisbuk

¿Qué estás pensando?

Eso es lo primero que encuentro en la página del Feisbuk. La pregunta me intriga, realmente me detengo a pensar… ¿qué estaré pensando?

Luego de unos minutos se me ocurre que debo externalizar mis pensamientos. Esto alimenta la fantasía de que a mucha gente le interesa lo que estoy pensando. Así, cualquier pensamiento que no sea expresado viene a ser una pérdida de tiempo. Algo así como cantar en la ducha, más o menos.

Por eso he dejado de pensar en general y solo pienso cuando estoy conectado al Feisbuk. Ahora mismo, mis pensamientos son más bien introspectivos y autoreflexivos. Pero en general me da por pensar pavadas… cosas que abochornarían a mis amigos y no dañarían mi perfil cibernético, algo que cuido sobremanera.

Por ejemplo, no puedo escribir lo que estoy pensando de la foto que puso mi primo Néstor en su perfil. Eso sería muy mala onda, algo que no está permitido en el Feisbuk. Aquí uno solo puede poner me gusta… pulgar para arriba o nada. También, por ejemplo me encantaría comentar en la foto de un ex de mi novia… ¿y qué carajo hace un ex de mi novia entre sus amigos? Este es otro tema para meditar, pero probablemente será otro día.

Volviendo a la foto, el mencionado posa en una playa llena de escombros y deshechos radioactivos (no pudieron apuntar la cámara para el otro lado). El susodicho ostenta una expresión como de galán de telenovela y sostiene (este detalle me destornilla) la soguita de un perro que ha sacado a pasear. Podría pasar un rato describiendo este chuzo de pedigrí dudoso, pero solo digamos que en el momento de la foto se dedicaba a lamerse sus partes privadas, que es la única forma de higiene que conocen los perros y que no tiene nada de malo en general pero en ésta foto…

Siempre que peleamos con mi novia basta que saque a relucir la foto de éste tío para que ella remonte una cólera volcánica y empiece a estrellar adornitos contra las paredes. Mi regocijo no tiene límite en estos momentos de desenfreno, pero en el fondo sigo con la espina clavada. ¿Por qué no lo ha removido de sus amigos? Si fue algo que ocurrió hace siglos, si fue una idiotez de juventud, si fue un romance de verano o de primavera o lo que sea… ¿Por qué todavía está ahi? Porque el Feisbuk proporciona las herramientas necesarias para desaparecer a los amigos no deseados. Uno se va a Editar Amigos, le da a la cruz y listo. Adiós amigo. Y el otro ni siquiera se entera. El proceso es sumamente diplomático. Unas semanas más tarde el amigo agraviado se percata de que los postes ya no aparecen en su página y eso es todo.

Esto es algo que la interfase del Feisbuk ha logrado manejar de manera antiséptica. Aquí no hay grandes peleas ni rupturas estrepitosas. Un día mi amigo está en una relación. Al otro día sigue en una relación pero es algo complicado. Al otro día el amigo está soltero. Muy sencillo.

Las rupturas en la realidad nunca son así, por más civilizada que sea la pareja siempre hay platos rotos y cacerolazos (auténticos y figurativos). Siempre está la amiga de una amiga que vio al novio salir de una pizzería con una flaca putona y pintarrajeada pero después no se atrevió a decirle a su amiga porque había una amistad de muchos años de por medio pero no pudo contenerse y contarte a una vecina (donde la amistado no era de tantos años) la cual a su vez le contó a otras tantas y etc… Mientras tanto resulta que el novio en cuestión había sacado a pasear a una prima provinciana que (entre otras cosas) es daltónica y aparentemente nunca practicó la prostitución. Claro que esto es solo un ejemplo, esto no tiene nada que ver con mi primo Néstor que… bueno, ustedes pueden ver su perfil en el Feisbuk y las correspondientes fotografías que hablan más que cien mil palabras.

En su Situación Sentimental, el Néstor pasó de estar en una relación, a ser un cornudo en una relación complicada, a estar soltero y desesperado, y luego terminar encamado por despecho con su prima la daltónica la que se viste y se pinta siempre con los colores más contrariados, cosas que parece haber encontrado en una jaula llena de tucanes epilépticos.

En el Feisbuk todo sucede distinto. Aquí las opciones son sencillas y los comentarios son medidos. Uno tiene que cuidar lo que escribe porque lo que pongamos aquí va a quedar grabado por los años… por varios años, digamos. Hasta que el servidor deje de funcionar o hasta que el principal de la cuenta decida a borrarla completamente… cosa que sería muy parecida a una muerte cibernética y que rara vez he observado. Lo contrario sí he visto, cuando alguien muere y su perfil del Feisbuk queda flotando a la deriva. Y después lo encuentran amigos de la primaria y le ponen saludos sin saber de la defunción. Cosas trágicas del siglo XXI. Como por ejemplo cuando mi tío Víctor murió de un ataque al corazón luego de insultar a la tía Gladis en la cuenta del Feisbuk… ¡Qué tragedia! El tío había escaneado unas fotos psicodélicas de su juventud y las había puesto en su perfil. Gladis, que siempre había tenido una especie de competencia con el tío, no pudo contenerse y dejó un comentario un tanto tumultuoso.

Gladis, gorda cabrona. Escribió el tío más tarde en el muro de ella. ¿Por qué no te vas a la puta madre que te parió? ¡Gorda puta!

Fue una querella de proporciones épicas, algo hasta el momento nunca visto en el Feisbuk. Gladis, en aquella época estaba en una relación con un bruto de dos metros que trabajaba corriendo detrás de un camión de basura. Este pobre incauto no tenía idea de lo que era el Feisbuk, hasta que Gladis se encargó de ponerlo al día.

A partir de ahí los insultos escalaron de manera dramática. Los comentarios de la foto seguían un patrón inevitable: insulto de Víctor, insulto de Gladis, insulto del basurero y luego volvían a comenzar.

Unas semanas más tarde el tío Víctor murió de un ataque al corazón y Gladis y su novio quedaron con un cargo de conciencia que nunca podrían borrar. Lo que sí borraron fueron los comentarios que desaparecieron de la noche a la mañana. Ahora solo queda la foto del tío Víctor seguida de más de veinte comentarios soeces dirigidos a la gorda Gladis. ¿Y quién va a borrar esto? Nadie sabe la clave del tío. En vano hemos pasado meses tratando de adivinarla. Mi madre está pensando en escribirle una carta a Mister Zimemberg. Good luck with that.

Y ahora ese es el legado de don Víctor Gonzáles. Un perfil en el Feisbuk. Una foto psicodélica, insulto, insulto, insulto… y luego un comentario de la abuela.

Víctor, querido. Que Dios te bendiga, hijo querido.

Si bien las opiniones divergen en cuanto al comentario original yo creo que fue algo acerca de los pantalones del tío Víctor. La foto todavía está en su perfil. Son unos pantalones rojos, muy ajustado en la cintura y con las botas muy anchas. Hay que reconocer que a todos se nos cruzó comentar algo pero solo la Gladis tuvo la falta de tacto de notar que se veía un poco gay con ese atuendo antediluviano. Era una fiesta en los sesenta, cuando el tío todavía tenía pelo y lo peinaba en un jopo desmesurado y enhiesto. El tema gay era algo peludo en la casa del tío desde que su hijo mayor, mi primo Alberto, tuvo que salir del closet cuando lo descubrieron besuqueando al hijo de la verdulera en un zaguán muy cerca de donde su padre tendría el infarto.

De todo esto yo no me enteré por el Feisbuk, claro. Ninguno de éstos escándalos se ventilan aquí. Eso es una regla tácita que todos en la familia se empeñan en respetar. La imagen de la familia, por lo menos en el Feisbuk, tiene que ser intachable. Aquí solo hay fotos de… graduaciones, bautismos, casamientos, cumpleaños septuagenarios y cosas por el estilo. Hasta mi abuela tiene su perfil. Mi madre, pobre santa, se encarga de escribirle los comentarios y subir alguna foto de vez en cuando. Y así la familia existe en el Feisbuk como en un universo paralelo… algo más civilizado y más medido. Y a pesar de la distancia ahora me siento más conectado que antes.

Aunque inevitablemente, antes de escribir lo que estoy pensando, me acuerdo del tío Víctor y lo pienso dos veces. Como dijo un político de estos lados, lo único cierto es la muerte y los impuestos. Los impuestos no me preocupan tanto, lo que sí me preocupa es la muerte y saber que por mucho tiempo… (o por lo menos hasta que el Feisbuk pase de moda) nadie borrará lo que aquí escribo.

¿Debo anotar esto?

Y tu, ¿qué estás pensando?

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3 comentarios sobre “El Feisbuk

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  1. O sea que si Descartes hubiese creado su famosa frase en esta época, la susodicha habría sido “Escribo lo que estoy pensando en Feisbuk, luego existo”.

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