Crónicas del Arroyo – Capítulo 10

La casa de las Acosta

10. La hermana menor

Conocí a las hermanas Acosta hace una cantidad de años.

La mayor era una flaca desgarbada que nunca valió la pena. La menor en cambio, Clara se llamaba… ella tenía un ángel que desarmaba. Tenía una sonrisa y un modo muy femenino que volvía locos a los varones. Tenía algo especial que siempre la destacó. Yo creo que el Héctor al principio la perseguía a ella, pero Clara era demasiada mujer para él. Ella nunca le hizo caso. Así que al tiempo el Héctor tuvo que conformarse con la flaca Gloria. Así comenzó ese cortejo que, entre paréntesis, no duró mucho porque en seguida ella se embarazó y tuvieron que apresurar el matrimonio. Se notaba que la muchacha no era muy avispada en esas cuestiones y el Héctor mucho menos.

La madre quedó encantada. La pobre santa hacía años que se desvelaba trabajando para criar a las dos niñas. Lavando ajeno y vendiendo verduras en el mercado desde que el marido la dejara viuda a causa de una querella absurda.

Y entonces hubo una boda y la celebración duró varios días. Y fue una gran alegría en casa de las Acosta, porque por fin abandonaban esa pobreza tan triste. Y el Héctor se portó muy bien con ellas, eso hay que reconocerle. Las mudó al caserón principal y las convirtió en familia. Y nos alegramos por él, porque había quedado muy solo luego de la muerte del padre… cuando el hermano se largó huyendo de la justicia y el pueblo se llenó de habladurías. Pero todo pasa por algo. O como dice el párroco: el Señor obra por caminos misteriosos. Solo hay que prestar atención a las señales.

Sin embargo la felicidad no duró mucho en aquel caserón tan lleno de tragedias. El Héctor había quedado mal desde la muerte del padre y el casamiento no le mejoró el semblante. La sombra de un espectro lo acompañaba a todas partes. Al poco tiempo la flaca Gloria perdió el niño y el caserón se cubrió de un luto siniestro. El Héctor se dedicó a la hacienda y se sumergió en su trabajo… esa era su forma de escapar. Todos buscamos alguna tangente cuando las cosas no van bien. Para el Héctor el escape fue trabajar… luego volvió a la bebida y a las muchachas del burdel. Pero nada pareció contentarlo.

Una noche, habían pasado varios años, se cortó las venas sin más trámite. La flaca Gloria lo encontró en la tina, flotando en el agua tibia teñida de su propia sangre. Dicen que había una carta sobre la cama, escrita a medias y casi ilegible del puño y letra de un borracho. El Héctor simplemente admitía ser el responsable de la muerte de su padre. Según la carta, Joaquín solo había huido para protegerlo. Un acto tan loable, decía la carta, solo sirvió para recordarme todos estos años lo miserable que soy. Lo mucho que le he fallado a mi padre pero sobre todo a mi hermano…

Así se originó una reyerta legal que duraría varios meses. Los primos del Héctor adujeron derechos al caserón principal. Alegaban que el Héctor, a causa del parricidio, no tenía derechos legales sobre las propiedades. Dijeron que la lavandera y su hija loca no podían vivir como dueñas de una casa que no les pertenecía. Alegaron que el embarazo de la Gloria había sido una mentira y no sé cuantas otras cosas se inventaron esos diablos. A ellos no les importaba la casa. Solo querían vender la propiedad para pagar una deuda que los perseguía como la peste.

Por esa época la menor de las Acosta estudiaba un doctorado de inglés en la capital. El Héctor se ofreció a pagarle los estudios y ella se largó sin pensarlo. Pero luego del suicidio y a causa los problemas legales, Clara decidió regresar al pueblo. Me imagino lo difícil que tiene que haber sido para ella.

Pero fue en vano porque ya era demasiado tarde. La flaca Gloria no resistió la campaña de insultos en que se habían empecinado los primos del Héctor. Una mañana helada de Julio la encontraron colgada de una viga frente a la casa principal. Ella no se molestó en escribir una nota. Fue un último acto desesperado que lo dijo todo. La madre no soportó la pena y se largó al día siguiente. Dicen que la recogieron en un hospicio de Tandil, que estaba tan trastornada que nunca volvió a decir palabra. El silencio fue su único testimonio.

Clara solo se quedó en el pueblo lo suficiente para darle sepultura a su hermana. Luego se marchó y nadie se supo con qué rumbo. Aunque algunos dicen que tomó para los Estados Unidos. Dicen que siguió el mismo camino que tomara Joaquín diez años antes. Dicen que se fue a buscarlo porque según ella, él era el único causante de tantas tragedias.

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