Crónicas del Arroyo – Capítulo 6

6. Segunda Carta

Estimado Joaquín,

Yo tampoco estoy segura de ser la misma. Han pasado tantas cosas… Me alegró mucho recibir tu carta. Fue la carta que siempre había esperado. Veo que no has cambiado tanto. Sigues hermético como siempre. Te aferras de las palabras para ocultar lo que sientes. Siempre fuiste así. Las palabras fueron tu cortina de humo y tu camuflaje. Ahora más que antes. Ese fue el juego en que nos sumergimos hace años. Ese fue nuestro desafío de descubrirnos de a poco. El descubrimiento de ese enigma fue nuestro amor. Y ahora también, dices tanto pero la vez dices tan poco. Antes tenías miedo de tu padre… ¿ahora de qué tienes miedo? ¿Temes que tus sentimientos se hagan cargo una vez más y ocasionen otro incendio de eucaliptos? Yo ya no le temo a mis sentimientos. Le temo a la monotonía y a la falta de sentimientos… a esa muerte auténtica de la que una vez te habló una bruja en un río. Al dolor tampoco le temo. A eso ya estoy acostumbrada.

Luego de tu partida la estancia cayó en un estado de total decadencia. O a lo mejor era el luto que impregnaba mi humor. Un invierno prematuro cubrió los campos de gris y de tiempo. Héctor trabajó contra la garúa de su pesar tratando de poner las cosas en orden. Pero la responsabilidad y la congoja lo abrumaron de a poco. Estaba como perseguido por un espectro y nunca volvió a ser el que era. Supe que bebía y visitaba las prostitutas del pueblo. Al poco tiempo llegó mi padre. Dijo que venía a cuidar mis intereses pero esa no era toda la historia. A tu hermano no le importó que se hiciera cargo. Más bien fue un alivio para él y se dedicó a su trabajo como siempre. Tuvo amoríos con una muchacha flaca y torcida del pueblo y al poco tiempo la embarazó. Se casaron sin mucha ceremonia y sin mucho amor. Para esa época yo ya estaba en la capital. Mi padre se había encargado de exiliarme con el pretexto de que tenía que estudiar. La noticia de mi embarazo le había causado una especie de bochorno controlado, pero creo que ya se había resignado.

Cuando estaba pronta a dar a luz me mudé a la casa de una tía, a una ciudad llena de sol y de árboles inmensos que en invierno son solo sombras de sí mismos. Aquí nació Lucía y aquí empecé a echar raíces. Aunque en mi caso echar raíces significaba olvidar. Olvidar la estancia y nuestras cabalgatas de atardeceres idos. Olvidar ese crepúsculo azul una vez cuando me besaste sin trámite y me preguntaste qué iba a ser de nosotros. ¿Te acuerdas? Yo estaba tan completamente fuera de mis cabales que llegué a la conclusión de que debía estar enamorada. No podía ser otra cosa. A tal punto te necesitaba que no me hubiera importado si jugabas conmigo como con cualquiera de tus chinas del pueblo. Me bastaba tenerte cerca y por un rato respirar tu aliento. Después, a lo mejor mucho más tarde, me di cuenta de que no jugabas. De que lo tuyo era cierto y por eso te hacía tanto daño. Todo eso traté de olvidar en aquella ciudad solariega. Terminé mi magisterio y empecé a trabajar en una escuela cerca de casa. Me resigné a ese caserón de la calle Ituzaingó. Me convertí en la viuda sobrina de una solterona consumada y me acostumbré a esperar el otoño. Un día, Lucía había cumplido seis años, recibí la noticia de que mi padre había muerto. Tuve que vestirme de luto y visitar el pasado. Tuve que regresar a ese lugar donde había sido tan feliz y tan desdichada y sentí mucho miedo. Regresar era una forma de reencontrarte, aunque solo fuera en el recuerdo…

Pero todo eso tal vez te lo cuente en otra carta. Espero no aburrirte.

Siempre tuya, Emiliana.

2 comentarios sobre “Crónicas del Arroyo – Capítulo 6

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  1. Ya no tengo sitio web… lo digo por que lo pide esto paara dejar un comentario!!
    llendo de lleno a la llamada critica constructiva debo decir que me alegró descubrir en ese estilo tu increible gracia. Gracias amigo!
    Casi
    Casi casi… lo termino. Como al medio del último capítulo me perdí. Y no me volvi a encontrar. Y tuve que dejarlo así por que me había llevado mucho tiempo y esfuerzo el desciframiento del “estilo” y la verdad es que no tengo… no tengo… NO TENGO. O sea tiempo y esfuerzo digo… bue mejor no aclare… Un abrazote. Te quiero mucho loco.

  2. Loco, no sabés cuanto me alegra que finalmente alguien asome por éstas páginas. No me queda claro qué es para vos el “estilo” pero no sé si la pregunta venga al caso. Te aclaro que aunque hubieras querido, no hubieras podido terminar. Tengo capítulos pendientes que irán apareciendo a según la inercia o el tiempo me lo sugieran… Un abrazo muy grande.

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