¿Por qué tan serios?

Serios... segunda parte.

¿Cuál es el principio?

¿De qué otra forma podría comenzar una película de James Bond?

Una persecución por supuesto. Hay un camino a la orilla del mar. Hay curvas y hay un  tráfico infernal y vociferantes italianos.
No sabemos por qué Bond huye. No hace falta saber, es una película de James Bond. Los malos le disparan y eso es motivo suficiente. Puede que hayan carencias argumentales pero eso es un asunto que examinaremos más adelante. Hay explosiones,  hay automóviles fuera de control y hay un par de policías despistados que deciden sumarse a la persecución. ¡Pobres ingenuos!

Luego vienen los títulos y he aquí la primera desilusión: no es el tema de James Bond. Ya sé que es algo mínimo, pero el detalle debería ser suficiente para ponernos sobre aviso.

Luego de la persecución en auto viene la persecución a pié. La persecución en bote (con la chica) y la persecución en avión (también con la chica).

El argumento, o la falta de… pero eso es otra historia.

En algún momento se me cruzó una pregunta:  ¿por qué Bond y la chica suben al avión? ¿Cuál es la lógica?
Es un misterio, como todo lo que se refiera al… (carraspeo) argumento.
Esa es la palabra que estaba buscando, algo que al parecer es un concepto extravagante no solo para el director sino también para los tres guionistas acreditados involucrados. Según ellos, el guión es un diálogo esporádico que trata de enlazar episodios de persecución, lucha o tiroteo. Los episodios de sexo son casi obviados porque Bond acaba de salir de una ruptura muy grave y quiere mantener la distancia.

La chica Bond ahora no es un objeto del deseo, es un objeto de identificación. Bond se identifica porque… (carraspeo) ella quiere venganza. Sed de revancha hubiera sido un título más adecuado. Lamentablemente, descubrir el detalle no nos proporciona una psicología de los personajes. Más bien diría que acentúa la falta de ella.

No malinterpreten. No tengo nada en contra de las películas de acción y hasta diría que soy un fanático. Pero cuando el tiroteo tiene un trasfondo psicológico la cosa llega mucho más lejos. Recuerdo a Clint Eastwood frente a Gene Hackman en Unforgiven.

“I’ve come to kill you for what you did to Ned.”

Ese es todo el diálogo. O después:

“I don’t deserve to die.”
“Deserve’s got nothing to do with it.”

Cuando Bond estaba realmente enamorado de la chica, el subtexto se llenó de significados. Eso fue lo que sucedió en el Bond anterior y el resultado fue poesía.

Solo bastó un episodio para romper el paradigma del agente 007 y recrearlo desde el suelo. Lo mismo pasó con Batman Begins. El director tomó una historia que todo el mundo conocía y la contó de una forma distinta. Simplemente atrapó. Convirtieron en real un personaje de historieta.

La primera salida de Daniel Craig en el papel de Bond fue sorprendente por eso. Con él, Bond dejó de ser la caricatura que creó una ristra de actores apegados al humor inglés. Pero en vez de seguir el camino de The Dark Knight, que edifica sobre el primer capítulo y lleva la trama a estaturas épicas, la continuación de Bond desperdicia una oportunidad tras otra.
Persecuciones, venganza… ¿a quién le interesa?

En algún momento, a Bond le hace falta un villano que le pregunte: ¿por qué tan serio?

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