Sexo, Mentiras y Video.

El presidente George W. Bush nunca estimuló la imaginación del público como lo hizo su predecesor. Clinton, sin querer convirtió la Casa Blanca en escenario de uno de los escándalos más grandes de los últimos años, pero sin embargo siempre pareció estar a cargo de la situación.

Por otro lado, Bush cada vez más da la impresión de estar a merced de sus asesores de imagen o sus escritores de discursos.

El último “escándalo” de la Casa Blanca no tuvo nada que ver con un vestido azul, sino con una frase de dieciséis palabras que apareció en el discurso del Estado de la Unión el pasado 28 de Enero. La frase en cuestión: “The British government has learned that Saddam Hussein recently sought significant quantities of uranium from Africa.” (El gobierno Británico ha descubierto que recientemente Sadam Hussein ha tratado de adquirir cantidades significativas de uranio de Africa.)

Hace poco la Casa Blanca finalmente admitió que probablemente Bush debería haber descartado la frase del discurso. La admisión desató una serie de explicaciones y acusaciones en el normalmente disciplinado equipo de Bush.

Todo esto obviamente desencadena preguntas más difíciles de responder: ¿Hasta qué punto la administración manipuló la evidencia para justificar la guerra en contra de Irak? ¿Dónde están las armas de destrucción masiva que se esperaba fueran usadas contra las tropas estadounidenses? Que la credibilidad de George W. Bush esté en juego no me preocupa. Lo que me preocupa es que tan poco de esto se vea en las noticias. Lo que me preocupa es que las noticias cada vez más son una forma de entretenimiento y que si algo carece del toque necesario de melodrama inmediatamente pasa a segundo plano. La Historia de una Presidencia. George W. Bush resultó nombrado presidente en una elección sospechosa. Gore tuvo la decencia de hacerse a un lado y terminar con el bochorno y Bush pasó a ser grande, como las botas o el sombrero. Al principio nadie se lo tomó muy en serio. Aparte de unos recortes de impuestos por aquí o por allá su gestión fue bastante intrascendente.

Los ataques del once de Setiembre cambiaron muchas cosas, pero sobre todo cambiaron la presidencia de Bush. Sin darse cuenta, sin proponérselo, pasó de la intrascendencia al heroísmo. Tuvo un comienzo a los tropezones, porque obviamente no estaba preparado para el papel… (en uno de sus primeros discursos por televisión llamó a los terroristas “folks…” que en español es más o menos como decirles “primos” o “tíos”) pero luego de una serie de discursos muy bien escritos, su popularidad alcanzó la estratosfera. Se plantó como el defensor de una causa justa y obviamente todo el mundo estuvo de acuerdo.

Poco a poco aparecieron los temas de su oratoria: “La lucha contra el terrorismo” “Seguridad Nacional” “El Enemigo Invisible”… Bush no había hecho nada extraordinario, simplemente había sido el pararrayos de la opinión pública. Eso fue todo. Pero sabría aprovechar el impulso y estimular la retórica de la paranoia. Este es un principio muy básico. Mientras más grande sea mi enemigo, más grande va a ser mi estatura como héroe. Eso es algo que cualquier lector de historieta sabe de sobra. Si Batman se pone a luchar contra malhechores comunes y corrientes las historietas resultan muy aburridas. Entonces los escritores tienen que introducir a los super villanos. Es un mecanismo narrativo. La presidencia de Bush no tenía adversario y esto ocasionaba flacidez narrativa. Este problema afecta a Hollywood desde hace tiempo, pero eso es otra historia. El muro de Berlín cayó hace años. La Unión Soviética dejó de ser la superpotencia maligna. La guerra fría ya no existe y el Holocausto Atómico solo se menciona en los libros de historia. ¿Qué hacer entonces? ¿Reducir los Impuestos? Eso ya lo había hecho. ¿Luchar por el medio ambiente? ¿Preocuparse por la Educación o el Bienestar Social? Era más fácil buscar un nuevo enemigo: el Terrorismo.

La guerra contra Irak no creo que tenga nada que ver con las armas de destrucción masiva o el terrorismo. Ni siquiera me parece que se trate del petróleo… Aunque obviamente hay un poco de todo esto mezclado, yo opino que lo más importante es un cambio en la política exterior de los Estados Unidos. Un cambio en el que George W. Bush tuvo poco que ver, porque a él solo le toca el papel de “Presidente”. Un cambio que podríamos llamar: “¿De qué me sirve tener más misiles si no puedo usarlos?” El terrorismo no sería una amenaza tan grande si Estados Unidos dejara de comportarse como el niño más malo de la clase. Ayudaría también que el presidente se pusiera los pantalones y prestara más atención a los discursos que le escriben. En mi humilde opinión.

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